Cuando los futbolistas chocan en el aire, las consecuencias no siempre se miden en conmociones cerebrales, roturas de ligamentos o esguinces de tobillo.
A veces es una fractura de nariz -un chorro de sangre, unos minutos de tratamiento en la banda, quizá una máscara protectora y una rápida reincorporación al juego- lo que se convierte en una lesión duradera, dejando al deportista con dificultades para respirar mucho después de que el partido haya terminado.
Es un riesgo que, según el doctor Farhad Ardesh, cirujano plástico facial y reconstructivo de Beverly Hills, sigue siendo uno de los más subestimados del fútbol.
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"A veces, una lesión leve en el exterior puede causar un daño grave en el interior", explica Ardesh, que ha tratado a deportistas profesionales, entre ellos futbolistas.
"Puede que la nariz parezca solo un poco hinchada o ligeramente torcida, pero en realidad el interior presenta un patrón en zigzag o una deformidad en forma de S que está afectando gravemente a la respiración".
Dado que varios jugadores del Mundial han competido con máscaras faciales protectoras tras sufrir lesiones en la mandíbula o el rostro, los traumatismos ocultos del fútbol se han hecho cada vez más visibles.
El inglés Djed Spence, el austriaco Stefan Posch y el portero argelino Luca Zidane han jugado con protección facial. Otros casos recientes de gran repercusión incluyen al francés Kylian Mbappé, que llevó una máscara para proteger su nariz rota en la Eurocopa 2024, y al croata Josko Gvardiol, que utilizó una máscara protectora en el Mundial 2022.
Para los espectadores, la máscara puede parecer un símbolo de dureza. Para cirujanos como Ardesh, suele ser un indicio de las secuelas de un traumatismo.
"El rostro queda muy frágil tras una lesión, ya sea por un traumatismo, como un codazo, o por una intervención quirúrgica", explicó Ardesh. "Queremos proteger el hueso".
Ardesh señaló que las lesiones faciales sufridas mientras se practica este deporte pueden parecerse a las que se ven en el boxeo o en las artes marciales mixtas.
"La gente no piensa en el fútbol como un deporte de combate", dijo. "Pero hay deportistas de élite que corren tan rápido como es humanamente posible y saltan muy alto. Cuando hablamos de un codazo o un golpe con el hombro directamente en la nariz, es más o menos como recibir un gancho de derecha en la cara".
El balón en sí mismo rara vez es la causa principal, señaló. Lo más habitual es que las lesiones se deban a golpes con la cabeza, los hombros, los codos, las rodillas o los pies, o a caídas.
Una fractura nasal puede provocar obstrucción crónica, desviación del tabique, problemas respiratorios a largo plazo, una nariz visiblemente torcida o una cirugía reconstructiva meses más tarde si no se evalúa adecuadamente. En el caso de los deportistas de élite, señaló Ardesh, el flujo de aire puede afectar al rendimiento.
"Si los pacientes no tienen un buen flujo de aire a través de la nariz, no van a rendir al máximo", afirmó. "El objetivo de la rinoplastia y la septoplastia no es solo mejorar la estética de la nariz, sino también garantizar que el paciente respire lo mejor posible".
CONTROL DE LA HEMORRAGIA
Inmediatamente después de un golpe, los primeros pasos consisten en controlar la hemorragia y descartar lesiones más graves, inclinándose hacia delante para evitar que la sangre baje por la garganta.
Una vez que el deportista acude a un especialista, una de las preocupaciones más urgentes es el hematoma septal: una hemorragia en el interior de la pared que divide la nariz. Si no se trata, puede cortar el flujo sanguíneo al cartílago y causar una deformidad colapsada con forma de silla de montar.
La hinchazón puede dificultar la evaluación de las fracturas en las primeras horas tras el impacto. Si la lesión parece más que leve, Ardesh señaló que puede ser necesario realizar pruebas de imagen para descartar fracturas orbitales, de pómulos o de mandíbula, así como una conmoción cerebral.
En el caso de una fractura nasal aislada, puede esperar entre una y dos semanas a que la hinchazón remita antes de recolocar los huesos. Una intervención quirúrgica más definitiva, como una rinoplastia o una septoplastia, puede realizarse entre tres y seis meses después, dependiendo de la respiración, el aspecto y la función.
Los porteros están especialmente expuestos debido a que la posibilidad de choques es más frecuente. "Pueden recibir codazos, cabezazos o rodillazos. Corren un mayor riesgo de sufrir un impacto frontal en la cara", explicó Ardesh.
Aun así, no espera que el uso obligatorio de protección facial tenga una amplia aceptación en un deporte basado en la velocidad, la visión y la comodidad. Las máscaras para los jugadores que se recuperan de una lesión tienen más sentido, señaló.
"Son luchadores", dijo Ardesh refiriéndose a los jugadores profesionales. "No quieren abandonar el campo".
Con información de Reuters
