En Formosa, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) desarrolla desde hace más de 20 años un programa de mejoramiento genético de banana que busca fortalecer la producción nacional. En la Estación Experimental de Laguna Naineck, el organismo obtuvo 30 nuevas líneas de banana Cavendish con mayores rendimientos y mejor resistencia a enfermedades, en especial a la Sigatoka amarilla, una de las principales amenazas del cultivo.
Con estos avances, el INTA y la Provincia de Formosa consolidan su rol como referentes en mejoramiento genético vegetal, aportando innovación y conocimiento al crecimiento sostenido de una de las cadenas frutícolas más dinámicas del país. La incorporación de nuevas variedades marca un paso decisivo hacia una producción de banana más eficiente, competitiva y de alto valor agregado.
Según señaló el ministro de la Producción y Ambiente de Formosa, Lucas Rodríguez, el acompañamiento del Gobierno provincial fue clave para impulsar la incorporación de material genético adaptado a las condiciones productivas de la región, fortaleciendo el desarrollo del cultivo en Formosa.
Gerardo Tenaglia, investigador del INTA El Colorado, Formosa, a cargo del programa expresó en medios locales: “Estamos trabajando para ofrecer a los productores materiales con mejores rendimientos, excelente calidad comercial y comportamiento destacado a campo”.
Cómo fue el trabajo de investigación
En los ensayos, el instituto evaluó 36 variables relacionadas con el crecimiento, la producción y el manejo del cultivo, además de realizar análisis genéticos. A partir de estos estudios, se seleccionaron 12 clones que integran tres grupos de variedades, pensados para los mercados nacional, regional y local.
Las variedades desarrolladas para el mercado nacional se caracterizan por su porte medio, buen diámetro de pseudotallo y una cáscara firme, lo que las hace aptas para el transporte a largas distancias. Según explicó Tenaglia, estos materiales alcanzan rendimientos superiores a las 33 toneladas por hectárea y presentan una destacada calidad comercial. “Son materiales pensados para competir con la fruta importada, por su buena presentación, firmeza y sabor equilibrado”.
Las variedades destinadas al mercado local se destacan por presentar un mayor número de dedos por racimo, una ventaja en los canales de venta directa, donde la banana se comercializa por docena. Aunque su cáscara es más sensible al transporte, ofrecen un rendimiento medio a alto y una buena calidad organoléptica, lo que las posiciona favorablemente en la región.
En ese sentido, el especialista del INTA explicó que la diversidad genética es una herramienta clave para sostener la producción bananera en distintos ambientes del país.“La selección de materiales con características distintas es fundamental para garantizar estabilidad productiva en distintas zonas del país”. Tenaglia además especificó: “No existe una única variedad ideal: trabajamos con grupos de clones que permiten a los productores elegir según sus condiciones de manejo y sus objetivos comerciales”.
El programa del INTA no solo busca mejorar la genética, sino también optimizar la rentabilidad del cultivo y fortalecer la cadena productiva nacional. Actualmente, el banano argentino es una actividad tradicional en el norte del país, especialmente en provincias como Salta, Jujuy, Formosa y Misiones, donde cumple un papel social y económico central para la agricultura familiar y las economías regionales.
En este marco el especialista explicó: “El banano tiene un sabor diferencial que nos permite competir ventajosamente con la fruta de origen tropical”. Y destacó: “Argentina tiene potencial para aumentar su producción y sustituir importaciones con un producto propio, de calidad y excelente aceptación en los mercados”.
