Abogados defensores de palestinos presos en Israel denunciaron que sus defendidos están detenidos en comisarías "y en condiciones infrahumanas", a la par que alertan la existencia de una fuerte crisis carcelaria en el país que ocupa militarmente los territorios palestinos desde 1967. Según denunciaron, hay casos de hacinamiento extremo, en los que los presos están siendo obligados a dormir en el suelo o sentados en sillas metálicas. Por eso, presentaron amparos ante los tribunales israelíes en Jerusalén y frente a organismos de defensa pública. Un juez israelí ya se pronunció sobre uno de estos casos y calificó como "degradantes y potencialmente dañinas para la salud y la dignidad humana" las condiciones de detención.
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En las últimas semanas, distintos expedientes judiciales dejaron al descubierto situaciones de hacinamiento extremo, detenciones prolongadas sin servicios básicos y el uso de espacios improvisados que no cumplen con estándares mínimos. Un ejemplo de esto fue el informe difundido en diciembre, que fue elaborado por la Comisión de Detenidos y Ex detenidos, el Club de Presos Palestinos y la organización Addameer. Estos grupos denunciaron a partir de testimonios y pruebas concretas que Israel apunta a una política intencionada de daños físicos y psicológicos hacia los presos. Entre las prácticas denunciadas están la tortura, el hambre forzada, la negación de atención médica y el aislamiento en celdas de confinamiento solitario, medidas que empeoran gradualmente la salud y el bienestar de los detenidos.
En la denuncia de este miércoles, jueces, defensores públicos y abogados particulares advirtieron que "se trata de una práctica cada vez más frecuente", vinculada a un aumento "anormal" de detenciones, en particular de palestinos acusados de entrar a Israel sin permisos. La crisis, sostuvieron, expone una falla estructural que tensiona el sistema de justicia y pone en cuestión el respeto por los derechos básicos de los detenidos.
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"Es como estar en una jaula con mantas húmedas": el testimonio de un palestino preso en Israel
Uno de los casos más resonantes ocurrió esta semana en Jerusalén. Un palestino arrestado por ingresar al país sin autorización pasó la noche en una celda al aire libre en las colinas de la ciudad, esposado de tobillos y muñecas, sin calzado y expuesto al frío invernal. Ante el tribunal, el detenido describió su situación como estar sentado "en una jaula con mantas húmedas". "Las esposas de los tobillos estaban apretadas y estuve encadenado todo el tiempo. No fui al baño durante cuatro días", relató.
Su abogado, Fares Mustafa Ali, denunció que su cliente fue retenido sin muros ni servicios básicos. El juez Ofir Tishler coincidió en que las condiciones "pueden perjudicar su salud y su dignidad", y remarcó que se trataba de una celda sin paredes en pleno invierno de Jerusalén, con el detenido encadenado durante todo el período de tiempo que estuvo allí, privado de su libertad.
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Situaciones similares se registraron en el sur israelí. En la comisaría de Arad, 34 detenidos fueron hacinados en una sola celda durante una audiencia por cinco personas sospechosas de haber entrado ilegalmente al país. "Me acerqué a la gran jaula donde se encontraban los detenidos; todos estaban de pie, como sardinas", declaró la abogada Ayelet Cohen. Según su testimonio, cuando pidieron ir al baño, "les dijeron que se defecaran unos a otros".
El juez israelí Daniel Ben-Tolila reconoció que las condiciones "distan mucho de ser óptimas", aunque inicialmente rechazó una apelación de liberación al afirmar que se trataba de una "solución improvisada para un día". Sin embargo, en otro caso similar, terminó ordenando la liberación de cuatro de cinco detenidos y advirtió que "no basta con detener a residentes ilegales sin alojamientos adecuados", dado que el número de personas retenidas supera ampliamente la capacidad de las comisarías.
El defensor público nacional israelí Netanel Lagami calificó la situación como un “fenómeno preocupante” derivado de una crisis carcelaria profunda. Alertó que muchos sospechosos, incluso inocentes, permanecen detenidos sin camas ni atención médica, lo que abre la puerta a confesiones forzadas o falsas. La policía, por su parte, reconoció la escasez de espacios de detención y atribuyó la responsabilidad al Servicio Penitenciario de Israel, al tiempo que sostuvo que la falta de celdas "no puede derivar en la liberación de personas consideradas peligrosas", según afirmaron.
