El Frente de Unidad Sindical (FRESU), una heterogénea coalición gremial de perfil combativo, prepara su primer gran plenario para este 1° de mayo. El objetivo es promover un plan de lucha frontal contra el programa económico de Javier Milei. Sin declararse formalmente en ruptura con la Confederación General del Trabajo (CGT), los sectores que lo integran exponen una dinámica propia que contempla la posibilidad de un paro general por tiempo indeterminado. Sus ejes van desde la recomposición urgente del poder adquisitivo hasta la regularización del empleo informal.
Las caras visibles del espacio, que ya reúne a más de 120 organizaciones de la CGT y la CTA, son Daniel Yofra (Aceiteros), Abel Furlán (UOM) y Rodolfo Aguiar (ATE). Es un tridente de procedencias diversas y sectores con realidades dispares, pero unidos por una sinergia que combina la potencia del sector industrial privado con la resistencia del sector público. “Son diferentes corrientes que encontraron un mismo cauce”, resume Aguiar.
Esa afinidad se construyó en poco más de un año por instancia de Yofra, quien convocó a un plenario de aceiteros e invitó a otros sectores afectados por la política libertaria para que relaten sus problemáticas. “Los tres venimos del interior y los tres trabajamos por lo que nadie nos tiene que decir lo que necesita un trabajador porque tenemos el termómetro de lo que pasa”, agrega el aceitero. Para estos dirigentes, el diagnóstico es ético antes que político: “Entendemos que la huelga es la herramienta para reclamar por los derechos perdidos. A este gobierno no lo debilitás con un solo día de paro; es preferible perder un día de huelga que perder la dignidad para el resto de los días en nuestros lugares de trabajo”, sostienen desde la mesa chica del frente.
Tensión con la CGT
El crecimiento del FRESU este verano fue exponencial, alimentado por la percepción de un vacío en la oposición política y el cuestionamiento a la "pasividad" de la cúpula cegetista. Al núcleo original se sumaron Pablo Biró (Pilotos) y José Luque (Papeleros), junto a gremios como Molineros, Curtidores, Gráficos y Ctera. Hasta hizo contactos con el tridente Miguel Bustinduy, dirigente de la UTA que tiene una guerra interna con Roberto Fernández. “El sindicalismo tiene que empoderar al movimiento obrero. Si hoy nos ningunean es porque nos preocupamos más por un lugar en las listas que por estar cerca de la clase trabajadora”, disparan con autocrítica y visión estratégica. Por eso, el plenario del 1° de mayo no será solo una foto de unidad, sino la piedra fundacional de algo más ambicioso.
En los últimos años el movimiento sindical experimentó el surgimiento de frentes que con el tiempo se diluyeron por disidencias internas o porque su fin era la simple unidad por oposición a un gobierno como, por ejemplo, el de Mauricio Macri. “Se armaron frentes para hacer de soporte a los candidatos. El Fresimona (Frente Sindical para el Modelo Nacional, lideradon por Pablo Moyano ) desapareció con el gobierno de Alberto Fernández”, apuntaron desde el FreSU.
El armado ya generó cortocircuitos en la sede de la CGT. Desde el FRESU confiesan que la conducción oficialista ha hecho llegar quejas por lo que consideran un intento de ruptura. La respuesta del tridente combativo es tajante: “No generamos nada ni llamamos a nadie. Si ellos son ‘pechos fríos’ y no salen a luchar, no es nuestra culpa. Estos momentos no son ni para tibios ni para traidores”.
Conscientes de que la CGT perdió representatividad entre los trabajadores, afirman que si bien “el FreSU está abierto para todos los que quieran luchar”, no pretenden una sumatoria de dirigentes por el simple hecho de acumular nombres. “Si al FreSU no lo llenamos de contenido estamos sonados. Juntar sindicatos sin objetivos claros es amontonar gente y difícilmente consigas algo más allá de fines partidarios”, señalaron.
Sin especular con los tiempos de la política partidaria y sin esperar a que surjan los candidatos para 2027, el tridente combativo afirma que “no hay tiempo para pensar en el año que viene”. Por eso, han decidido trabajar desde ahora en un programa de gobierno propio centrado en tres ejes: la regularización del empleo informal y tercerizado, la mejora de las condiciones de seguridad e higiene y la recomposición real de los salarios.
Como antesala al plenario, donde se esperan más de 1.500 delegados de todo el país, el frente lanzó una cifra que funciona como bandera: el Salario Mínimo, Vital y Móvil debería ser de $2.802.755 para cubrir la canasta básica real. Hoy, el gobierno de Milei lo mantiene en $357.800, una brecha del 683%.
El mensaje final del espacio trasciende lo gremial y apunta a la estabilidad social del país. “La CGT es la organización más grande y no es el enemigo, pero hay una urgencia que no espera. No podemos permitir más que a los jubilados los caguen a palos todos los miércoles”, advierten. En el FRESU están convencidos de que el tiempo se agota: “Queremos evitar el 2001. Necesitamos que la CGT se ponga al frente; si no lo hace, nos pondremos nosotros”. Con una oposición atomizada y sin referentes indiscutidos, queda abierto el escenario para saber si de este tipo de frentes pueda llegar a haber un dirigente sindical encabezando una lista el año próximo.
