El lector imparable de Argentina tiene 12 años: leyó 652 libros en ocho meses, lo premiaron y cuenta que lo hace "para ser mejor persona"

Andrés es oriundo de Catamarca y, en su escuela, la biblioteca se volvió un pequeño laboratorio de curiosidad por la que los nenes hacen fila. Además de leer mucho hasta altas horas, es fanático de la cultura argentina: "Canta el himno en cada viaje familiar", cuentan sus papás.

14 de enero, 2026 | 06.00

A Andrés Vildoza Costa le gusta leer en su habitación, por la mañana, cuando la casa todavía está en silencio. Tiene 12 años, vive en Catamarca y habla de los libros como otros chicos hablan de sus juegos preferidos. “Leer es muy lindo, es divertido. Yo me imagino cada cosa que dice un libro”, comenta con la naturalidad de quien convirtió la lectura en parte de su vida diaria.

El primer libro que recuerda es “La Oca de Oro”, aunque lo que más le quedó no fue la historia, sino la reflexión. Desde entonces busca que cada lectura lo deje pensando: “Leo para aprender más y cada día ser mejor persona. Siempre trato de que un libro me enseñe algo”. Incluso cuando alguno no lo engancha demasiado, insiste: “Lo sigo leyendo, porque todos los libros tienen su historia”.

Pero este joven de tan solo 12 años no solo lee, también escribe. Su primer cuento se titula “Cuando la maldición ocupa tu lugar”, un relato de suspenso que escribió por diversión. “Me gusta porque puedo expresar todo lo que se me ocurre, tomar ideas de otros libros y reversionarlas”.

652 libros, un premio nacional y una pasión que no se detiene

En noviembre se enteró de que había sido elegido el “El Chico Más Lector” del país dentro de la plataforma Desafío Leer, de Fundación Leer. Se sorprendió en medio de una reunión: “Me dijeron ahí mismo. Me puse feliz y algunos amigos que estaban conmigo festejaron en el momento”, recuerda.

Para entonces ya había alcanzado una cifra que impresiona: 652 libros leídos entre marzo y noviembre. La plataforma registra cada lectura, y su nombre se repetía una y otra vez entre los primeros lugares.

Pero el premio no es lo único que lo distingue. Andrés tiene una fuerte sensibilidad por la cultura argentina: canta el himno en cada viaje familiar, se emociona con la bandera —de hecho fue abanderado este año— y cuida los libros con un respeto casi ceremonial. Cuando supo que debía donar algunos ejemplares a una escuelita, dudó: “No sabía si los iban a cuidar”, cuenta su mamá. Finalmente lo hizo, aunque no sin procesar el desprendimiento.

Una casa donde la lectura une

En su familia la lectura no es algo aislado: es una forma de comunicarse. A la hora de almorzar o cenar, los debates son parte del ritual. El padre, policía, lo explica así: “La lectura te abre la mente, te abre caminos. Nosotros venimos de una familia del interior, con muchas limitaciones, y por eso les inculcamos valores, perseverancia, disciplina. Y gracias a Dios lo llevan a cabo”.

La madre recuerda que esta pasión empezó temprano y transformó su manera de expresarse. “Andrés maduró muchísimo. A veces dice palabras que no usa un chico de su edad. Incluso, por un momento, nos dio miedo que estuviera creciendo demasiado rápido. Pero este año lo vimos rodeado de amigos, querido, respetado, y entendimos que la lectura lo ayudó a encontrar su lugar”.

También están las noches interminables: “Hay que retarlo a las tres o cuatro de la mañana para que apague la computadora o el celular porque termina un libro y ya quiere otro”, agrega su madre entre risas.

Sus hermanas gemelas, de 14 años, lo acompañan entre la paciencia y la admiración: “Él no se puede quedar callado. Si lee algo, te lo cuenta sí o sí. Pero está bueno, aprendemos con él”.

Cuando la escuela se vuelve motor de lectura

En la escuela de Andrés, la biblioteca se volvió un pequeño laboratorio de curiosidad en medio de una realidad preocupante. Mientras los datos de PISA muestran que la mitad de los jóvenes argentinos no comprende lo que lee, en ese rincón de Catamarca los chicos hacen fila para llevarse libros a casa.

La bibliotecaria Natalia Roldán impulsó ese cambio casi sin proponérselo: libros con realidad aumentada, carnets de socio, estantes ordenados para que todo invite a tocar, abrir, descubrir. “Motivo desde mi lugar. No es gran cosa lo que hago, pero si eso los engancha, para mí es suficiente”, confiesa. Andrés fue uno de los primeros en tomar ese impulso: “Se puso una meta desde el año pasado, la cumplió y es un orgullo enorme para la institución”, agrega.

Desde Fundación Leer subrayan la importancia de que existan espacios así, donde los chicos encuentren libros y acompañamiento. “Sin acceso a libros y sin capacidades de lectura, los chicos quedan afuera de la sociedad”, advierte su directora. Por eso los premios no buscan solo destacar cantidad de lecturas, sino sostener prácticas que pueden cambiar destinos: cada ganador recibe 20 libros y su escuela, una biblioteca de 100 ejemplares nuevos.

Leer para abrir caminos

Cuando se le pregunta qué les diría a otros chicos para animarlos a leer, Andrés piensa apenas un segundo y responde con simpleza: “Que leer es divertido. Hay libros para todos los gustos. Te ayuda a expresarte mejor, a mejorar tus notas, a imaginar. Es muy lindo”.

En su habitación, cada mañana, sigue sumando historias. Dice que le gustaría estudiar Medicina o Abogacía, dos caminos que lo entusiasman por distintos motivos y que, de algún modo, también descubrió entre lecturas. No tiene apuro en elegir. Lo que sí sabe es que leer lo acompaña en ese camino y le muestra opciones. Que los libros le abren puertas. Las que ya cruzó y las que vienen.