Los socios de Barcelona le dieron ayer su voto masivo al presidente que echó a Leo Messi del club. Acaso más impactante resultó un sondeo público que preguntó a los socios qué debía hacer Barcelona con el astro: el 6 por ciento de los socios pidió que no vuelva, el 10 por ciento que vuelva como jugador, el 28 por ciento que lo haga como presidente de honor y el 55 por ciento opinó que el club debería hacerle un partido homenaje. Ganó, por goleada, el “partido homenaje”.
“¿Cómo puede ser que un crack que cuadruplicó las Champions del club, que fue ‘la perfección’, que humilló al Madrid, que marcó más goles que nadie, hoy sea receptor de un mero partido homenaje, algo casi protocolar, y que, al mismo tiempo, el presidente que lo echó con malas artes, gane por goleada las elecciones?”, me dice desde España un colega que cubrió toda la campaña de Messi en Barcelona. El colega no es de aquellos que simplifican el mundo en blanco y negro. Su pregunta no tiene indignación. Simplemente, busca alguna explicación a los resultados del sondeo sobre Messi realizado por Catalunya Radio y el canal de televisión TV3 (medios públicos) entre 5.762 socios que fueron a votar de los cerca de cincuenta mil que sufragaron.
El primer argumento se llama Lamine Yamal. Es, definitivamente, el nuevo crack “distinto” del fútbol mundial, y juega en Barcelona, claro. Mientras Real Madrid debe apelar a su chequera para comprar joyas prometedoras del mundo, como Franco Mastantuono, por ejemplo, Lamine, como Messi, es una solución otra vez “Made in casa” de Barcelona. Yamal ya fue clave para que Barcelona vuelva a reinar en la Liga de España. Le falta la Champions. Hay tiempo y hay equipo, otras buenas joyas de La Masía, como Pedri, Gavi, Cubarsí, entre otros. Y Lamine tiene apenas 18 años.
El segundo argumento se llama Joan Laporta, el presidente que fue reelegido ayer con casi el setenta por ciento de los votos. El presidente que llegó a la cima por Messi y que se mantiene ahora allí pese a haber echado a Messi. El presidente que, según contó el ex jugador y actual DT Xavi apenas días antes de las elecciones, bloqueó en 2023 la vuelta de Leo pese a que la Liga ya la había aprobado, temeroso de que el crack le hiciera una campaña en contra. Es el presidente que no repara en gastos ni en socios ni en traiciones. Que reubicó otra vez a un Barca ganador y que ayer no solo fue votado masivamente por los socios, sino también aplaudido y mimado por el plantel, algunos de cuyos jugadores cantaron y saltaron con él. Apoyos incluídos de Lamine, del DT alemán Hansi Flick y del capitán brasileño Raphina.
Hay un tercer argumento que podría vincularse con los nuevos tiempos. Donde todo es ya y ahora. Casi como si no existiera un pasado. Más aún cuando hay un presente que está deparando alegrías y también esperanzas. Y hay un cuarto argumento que (este sí me lo sugieren desde Barcelona, desde “el lugar de los hechos”) tiene que ver con el sentimiento. Messi dio todo por el equipo. Goles, títulos, fama global. Así como Real Madrid fue un antes y un después con Alfredo Di Stéfano, Barcelona lo fue con Messi. Había una historia previa, claro. Hubo antes otros cracks y también hubo títulos. Pero el oro fue a partir de Messi. Leo inclusive desnudó su amor real por el club el día del adiós inesperado ejecutado por Laporta, ese llanto de niño del 8 de agosto de 2021, desgarrado, hasta de alguna manera sorprendente en un crack de su magnitud.
“Le dio todo al Barça, es cierto, y aquel día fue impactante, un llanto que no se puede impostar, pero quizás lo que más huella deja son las emociones humanas y Messi, en general, era una maquinita perfecta. Genial, sí, obvio, pero una maquinita”, me dicen desde Barcelona. “La encuesta de ayer –me añaden- es casi lapidaria, porque el partido homenaje todos saben que es un trámite pendiente, que Messi tiene que despedirse del Camp Nou, pero así lo dice el voto: partido pendiente, no más que eso”.
Días atrás, en crónicas sobre el saludo con Donald Trump, se recordó el día que Messi eligió no aplaudir en un acto a líderes independentistas catalanes recordados en la sala. Y otro episodio, también, en el que, supuestamente, Leo abogó junto con otros jugadores, como Sergio Busquets, para que Barcelona jugara un partido de 2017 ante Las Palmas en medio de un polémico referéndum por la independencia en el que la policía reprimió con dureza a buena parte de los votantes. Muchos (entre ellos los jugadores Gerard Piqué y Sergi Roberto) creían que el equipo debía ser solidario y no presentarse a jugar (lo que habría implicado multa, pérdida de puntos y revés en la carrera por el título contra Real Madrid). Barcelona jugó y goleó 3-0. No es que la afición de Barcelona sea exactamente independentista, pero son gestos extracancha que acaso, me dicen hoy, marcaron distancia. ¿No fue en su momento llamativo que, apenas se supo en 2021 que Messi era echado por Barcelona, solo un puñado de hinchas haya ido a protestar a las puertas del club?
Messi no “jugó” explicítamente en las elecciones de ayer, pero no desmintió a Xavi e ignoró a su vez a Laporta la noche que, a escondidas, fue a visitar al Camp Nou que estaba en plena renovación. Después de que el equipo diera ayer una nueva demostración de su poder ofensivo (5-2 al Sevilla de Matías Almeyda), los socios decidieron cinco años más de Laporta (luego será acaso la llegada de Piqué presidente). La semana pasada, la prensa filtró que Messi había decidido iniciar los trámites para mudar de Cataluña a Andorra la firma Limecu España 2010 SL, cabecera de su holding empresarial, que incluye Leo Messi Management (gestiona sus derechos de imagen), Explotaciones Rosotel (seis hoteles con la marca MiM) y Edificio Rostower (cotiza en Bolsa europea) y que tiene como administrador único a Rodrigo Messi (hermano de Leo). Los informes recuerdan que Messi tiene otro negocio familiar acaso más importante en Estados Unidos, donde prolongó ya su contrato con Inter Miami hasta 2028, cuando tendrá 41 años, es decir, hasta su retiro. Ayer, los socios de Barcelona afirmaron que el club al que él le dio gloria eterna le debe “un partido homenaje”. Cuando suceda, será seguramente una fiesta hermosa. Pero, al menos por ahora, algo distante.
