Paolo Rocca y Marcos Galperín podrían gastar 100.000 dólares por día y recién dentro de 200 años se quedarían con “apenas” 1 millón de dólares de patrimonio. El cálculo lo hizo Cristian Girard, el titular de ARBA, apenas se conoció la lista de los ultramillonarios que publica todos los años la revista Forbes. El ranking que a nivel global encabeza Elon Musk ya es anecdótico: lo que impresiona son números de concentración de la riqueza nunca vistos y una aceleración de ese proceso que no tiene ninguna racionalidad económica y más bien revela lo estúpida y peligrosamente ricos que son el 0,0001% de los hombres frente a continentes enteros que pasan hambre.
La publicación de Forbes ubicó a Paolo Rocca con un patrimonio de 7.300 millones de dólares como el primero entre los megarricos de Argentina. Figura con nacionalidad italiana, donde nació, pero se trata del empresario de Argentina más rico aunque tenga DNI de extranjero. Superó en esta medición a Marcos Galperín, que sí figura como argentino pero que mudó su domicilio fiscal y empresarial a Uruguay para eludir impuestos en Argentina. El primer lugar de Rocca sobre Galperín es circunstancial, por una pequeña baja en las acciones de la Ebay copiada a la latinoamericana, pero al menos da cuenta que el industrial que hace cosas aún tiene para pelearle al tecnofeudalista, como lo definió el ex ministro de economía griego Yannis Varoufakis, que solo produce renta.
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Esa estructuración offshore es algo que Rocca y Galperín y buena parte de los ultrarricos argentinos y globales comparten. El Grupo Techint se presenta como una empresa argentina, pero lo cierto es que su domicilio es en Gran Ducado de Luxemburgo y es controlado por la firma San Faustin, que a su vez es controlada por Rocca & Partners Stichting Administratiekantoor Aandelen San Faustin (RP STAK) radicada en Países Bajos y de la cuál no hay información sobre personas y sociedades que la controlen. Así de opaco. En el caso de Mercado Libre fue inscripta en 1999 en Delaware, una de las guaridas fiscales que funcionan en Estados Unidos, y Galperín maneja su parte de la empresa desde 3 entidades: un trust en Suiza que opera bajo leyes de Nueva Zelanda y otras dos firmas que se llaman Melinga y Volorama Stichting que tienen la misma sede en Amsterdam en la calle Zuidplein 116, torre H, piso 14. Estas maniobras hacen que esos patrimonios sean más difíciles, por no decir imposibles, de gravar.
Girard, titular de la agencia de recaudación del gobierno de Axel Kicillof, calculó cuánto tardarían en gastar sus fortunas los ultrarricos de Argentina a ritmo de 100.000 dólares por día. El detalle es el siguiente:
- Paolo Rocca – U$D 7.300 millones - 200 años
- Marcos Galperín – U$D 7.200 millones – 197 años
- Alejandro Bulgheroni – U$D 5.100 millones – 140 años
- Eduardo Eurnekian – U$D 4.800 millones – 131 años
El dato ya es obsceno, pero empeora al cruzarlo con los salarios. “Para ponerlo en perspectiva argentina -siguió Girard- Salario mínimo 2026: US$ 233/mes. Un trabajador con salario mínimo tardaría 36 años en juntar USD100.000 de ingresos, sin consumir nada”. O sea, con el salario mínimo se tardaría 36 años en juntar lo que podrían gastar estos ultramillonarios por día durante 200 años sin dejar de ser millonarios. El cálculo se puede hacer con el salario promedio, que hoy ronda los 1.200 dólares. Un trabajador con ese sueldo tardaría 7 años en juntar 100.000 dólares, eso si no gasta nada.Esta semana también salió el monto de la canasta básica de pobreza, que roza los 1.400.000 pesos sin contar alquiler, con lo que habría que colocarlo en unos 2.200.000 pesos mínimo. Son unos 1.500 dólares. Entre los 2 adultos que juntan eso para no ser pobres demorarían 5 años y medio en juntar los 100.000 dólares que Rocca o Galperín podrían dilapidar por día por 200 años. La brecha es abismal.
Estos niveles de concentración que refleja Forbes se conocieron el mismo día que el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) publicó un estudio sobre la alimentación durante la jornada laboral. El estudio revela que 8 de cada 10 trabajadores sufren de inseguridad alimentaria. Esto surge de que el 61% de los trabajadores encuestados dijo que se salteó alguna comida diaria por motivos económicos y que el 78,5% contó que optó por alimentos menos nutritivos por el mismo motivo. Y se trata de una encuesta sobre argentinos con trabajo.
Argentina no escapa de este entramado global de concentración excesiva e inédita de la riqueza. Tras la publicación de Forbes también reaccionó el economista francés Gabriel Zucman, que da clases en la Universidad de California y es reconocido en el mundo por sus estudios sobre la desigualdad y el uso de guaridas fiscales donde se concentra, como tituló uno de sus libros, “La riqueza escondida de las naciones”.
En un largo hilo de Twitter, Zucman mostró como el 0,0001% de personas megamillonarias concentra el 17% de toda la riqueza del planeta. Son apenas 3.000 por sobre una población mundial de más de 8.300 millones de personas y cada año acaparan más y más en un proceso que acelera. Los cálculos de Zucman muestran que en 1987, con la primera lista de Forbes, tenían el 3% de la riqueza global, lo cual ya era mucho. Ahora tienen el 17% y la curva ya es casi vertical.
“Con el crecimiento de la riqueza de los multimillonarios globales se ha producido un aumento de su poder. El poder de moldear políticas, de comprar elecciones, de influir en la ideología predominante, de comprar competidores, de inclinar los mercados a su favor”, explicó Zucman. Y da números concretos en el caso de Estados Unidos y cómo sus ultrarricos financian campañas presidenciales para luego obtener beneficios. En 2004 aportaron 13 millones de dólares, en 2008 ya 16, en 2012 creció a 231 millones, en 2016 se duplicó a 682 millones, en 2020 se duplicó de nuevo a 1,2 billones y en 2024 más que se duplicó para alcanzar los 2,6 billones de dólares.
Trump ganó con esos aportes, en especial los de Elon Musk, que puso más de 270 millones de dólares para esa campaña y que ocupa el primer puesto entre los estúpida y peligrosamente ricos del mundo. Y por lejos: el patrimonio de Musk se calcula en 840.000 millones de dólares. Lo sigue Larry Page, uno de los dueños de Google, con 254.000 millones, tres veces menos.
Nicolás Lantos detalló en El Destape la mecánica de aportes y retornos que tienen estos ultrarricos. “Las familias más ricas de Estados Unidos invirtieron en el año electoral de 2024 una cantidad récord de dinero: alrededor de 600 millones de dólares. Por cada dólar que engrosó las cuentas de Kamala Harris, hubo tres para Trump. De esos 600 millones prácticamente la mitad salieron de un sólo bolsillo, el de Elon Musk, que arrimó los 270 millones, casi todo para el candidato con el que hizo campaña. En los doce meses que siguieron al triunfo republicano, los super ricos, familias e individuos con patrimonios superiores a los mil millones de dólares, embolsaron más de un billón y medio de dólares, es decir más de un millón y medio de millones de dólares”, describió Lantos. La mayoría de de ese dinero se lo quedó el propio Musk, que saca ventaja incluso entre los ultrarricos.
“El problema es global. Y con la captura plutocrática de un número creciente de gobiernos, la revolución de la IA y el desmantelamiento de los impuestos progresivos, la tendencia está destinada a acelerarse”, planteó Zucman. Dice que “se ha vuelto urgente crear nuevas alianzas, nuevas formas de cooperación internacional que luchen por salvaguardar la democracia frente a esta poderosa corriente oligárquica. Ésta es la batalla decisiva del siglo XXI”. Y propuso: “Corresponde a los ciudadanos de todo el mundo pedir a sus representantes elegidos que actúen ahora: Es hora de gravar a los multimillonarios”. En mayo publicará un libro específicamente sobre cobrar esos impuestos.
Milei va al revés a pesar de la evidencia. Insiste en que hay que bajar impuestos a los ricos y las empresas para que eso genere crecimiento económico. En esa línea redujo el impuesto de bienes personales (que pagan los que más tienen) del 2,5% al 0,25% e incluso bajó los gravámenes para los autos de lujo y los yates en el medio de la ley de Regresión Laboral.
El problema es que cada vez que se hizo eso las consecuencias fueron otras. Los economistas David Hope y Julian Limberg de la Universidad King’s College de Londres estudiaron los efectos de bajarle los impuestos a los ricos en 18 países de la OCDE entre 1965 y 2015. La conclusión fue que no creció el PBI ni bajó el desempleo mientras lo único que aumentó fue la desigualdad económica. Si continuaran el estudio, en especial post pandemia del 2020, la cosa empeoraría aún más.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) impulsa, junto a más de 130 países, un impuesto mínimo global del 15% para grandes multinacionales y un impuesto a la riqueza extrema del 2% sobre el patrimonio de milmillonarios para combatir la desigualdad. No se trata de un organismo socialista. De hecho, apenas asumió Milei le dio impulso al proceso de incorporación del país a la OCDE, el organismo elogió su política de ajuste y el presidente argentino recibió en la Casa Rosada a Mathias Cormann, secretario general de la OCDE.
La estructura tributaria argentina no sólo está lejos de lo que plantea la OCDE sino incluso de países de América Latina a los que la derecha local desea emular. Un trabajo de Fundar muestra que del total de lo recaudado en Argentina el 60,5% lo aportan impuestos sobre bienes y servicios, el 17,9% aportes de la seguridad social, el 17,5% ingresos y beneficios y apenas el 3,8% impuestos sobre la propiedad.
Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica recaudan casi el 28% de ingresos y beneficios y el 4,4% de impuestos a la propiedad mientras reducen a 46% lo que captan de bienes y servicios. Los países de la OCDE, donde quiere ingresar argentina, captan 33% de ingresos y beneficios, 4,4% de propiedad y 27% de aportes para la seguridad social.
Milei elige otro camino prácticamente en soledad, donde algunos podrán dilapidar 100.000 dólares por día sin que se les mueva la ecuación mientras que trabajadores, hoy, eligen saltearse comidas o bajar su nivel nutritivo para llegar a fin de mes.
