La isla de Kharg, también conocida entre los iraníes como la “Isla Prohibida” debido a los estrictos controles militares, se encuentra en el noreste del Golfo Pérsico, a unos 25 kilómetros de la costa de Irán y aproximadamente a 483 kilómetros del Estrecho de Ormuz. Administrativamente, pertenece a la provincia de Bushehr y, pese a su pequeña superficie, su ubicación es estratégica por dos razones fundamentales:
- Aguas profundas: A diferencia de otros puntos de la costa iraní, Kharg está rodeada de aguas lo suficientemente profundas como para permitir el atraque de petroleros de gran calado (VLCC).
- Cercanía a los yacimientos: Está conectada mediante oleoductos submarinos con los principales campos petroleros del continente.
El "grifo" del petróleo iraní
Para entender la importancia de Kharg, basta con mirar las estadísticas: más del 90% de las exportaciones de crudo de Irán pasan por esta terminal. Es, literalmente, la puerta de salida del principal recurso financiero del país hacia mercados como China.
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¿Por qué es un objetivo estratégico para Estados Unidos?
Debido a su rol crítico, la infraestructura de la isla es el punto más vulnerable y, a la vez, el más protegido del régimen de Teherán.
- Capacidad de carga: Cuenta con terminales masivas (como el muelle "T" y el muelle "Sea Island") capaces de cargar millones de barriles diarios.
- Almacenamiento: Posee una red de tanques que funcionan como pulmón logístico ante posibles bloqueos o sanciones.
- Factor geopolítico: En momentos de tensión bélica con Israel o Estados Unidos, Kharg se convierte automáticamente en el centro de las amenazas. Un ataque o bloqueo a esta isla podría retirar del mercado global entre 1 y 1.5 millones de barriles de petróleo diarios, disparando el precio del barril de forma inmediata.
El asedio de los 80: Cuando Kharg casi desaparece
Durante la guerra entre Irak e Irán, en la década del 80, Saddam Hussein entendió rápido que para ganar la guerra debía asfixiar económicamente Teherán. Fue así Kharg recibió más de 2.800 ataques aéreos a lo largo del conflicto.
En varios momentos de la guerra, los muelles de carga quedaron virtualmente inutilizables. Los bombardeos iraquíes destruyeron enormes tanques de almacenamiento y dañaron los oleoductos submarinos que traen el crudo desde tierra firme.
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Tras el cese al fuego en 1988, Irán tuvo que destinar miles de millones de dólares y casi una década (toda la de los 90) para reconstruir y modernizar la terminal. Fue en este periodo donde se instalaron sistemas de defensa antiaérea mucho más sofisticados y se reforzaron las estructuras para que fueran capaces de resistir impactos directos.
De hecho, parte de esas defensas fueron atacadas por Estados Unidos, según confirmó el propio Donald Trump durante el fin de semana. Sin embargo, evitaron deliberadamente atacar la infraestructura petrolera para no generar un caos total en los precios mundiales del crudo, que analistas ya proyectan cerca de los 200 USD por barril si la isla fuera "borrada del mapa".
