Luego del artículo escondido del Presupuesto que pretendía derogar las leyes de Emergencia en Discapacidad y Financiamiento Universitario, de la disolución de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) el último día hábil del año y del decreto de necesidad y urgencia que modifica la ley de Inteligencia Nacional publicado el primer día de 2026, en el bloque de diputados de Unión por la Patria tenían las peores presunciones para este enero con el Congreso en receso y un oficialismo que, envalentonado por el triunfo electoral y la nueva relación de fuerzas, juega con los límites de la legalidad. En el estilo brutal de las ultraderechas, el Gobierno volvió esta semana a tomar el mando de la agenda, pero con temas que difícilmente le hagan ganar popularidad. "No nos queda otra que salir a frenarlos, es imposible dejar pasar esto. Hay cosas que recuerdan a la dictadura", replicaba el diputado Agustín Rossi, ex titular de la AFI.
"La hora de los depredadores ha llegado y en todas partes las cosas evolucionan de tal manera que todo lo que deba ser regulado lo será a sangre y fuego", afirma Giuliano da Empoli en el prólogo de su último trabajo. El sociólogo italiano es de los especialistas que mejor viene retratando el ascenso y la lógica de las ultraderechas en el mundo. Su libro El Mago del Kremlin se convirtió en apodo del asesor Santiago Caputo, quien copia al protagonista de la novela en su rol de ideólogo en las sombras del presidente. Justamente, es a Santiago Caputo y a su cerebro jurídico, la secretaria Legal y Técnica, María Ibarzábal Murphy, a quienes en el peronismo veían detrás de estas jugadas filtradas a último momento, todas de dudosa legalidad y turbios objetivos. En la era de la posverdad, la SIDE consideró la reforma por decreto en línea "con los más altos estándares democráticos y republicanos".
Este proyecto lo hacemos colectivamente. Sostené a El Destape con un click acá. Sigamos haciendo historia.
Caputo e Ibarzábal Murphy, supuestamente, fueron quienes introdujeron el artículo 75 del Presupuesto 2026, que significó el rechazo en Diputados de todo el Capítulo XI, una derrota para el Gobierno y una victoria -casi inesperada- para la oposición. Una avidada que no salió bien. Con la eliminación de la Andis apuntaron a borrar los rastros del escándalo de corrupción que más complicaciones trajo a la Casa Rosada. En la agenda trepidante del caos libertario, al otro día de que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, anunciara lo de la Agencia de Discapacidad, firmó el decreto que, entre otras cosas, modificó la ley de Inteligencia para establecer "la ampliación máxima del secreto, la posibilidad de que los agentes de inteligencia detengan personas, la autonomía militar y el acopio masivo de nuestros datos personales", de acuerdo al primer análisis del CELS.
El Gobierno esperó el fin de las sesiones extraordinarias, con el Congreso en receso y los legisladores en los festejos de fin de año, para disponer una reforma que a simple vista no presenta ninguna necesidad y urgencia. "Esperar la cadencia habitual del trámite legislativo irrogaría un importante retraso que dificultaría actuar en tiempo oportuno y obstaría al cumplimiento efectivo de los objetivos de la presente medida", escribieron en los considerandos del DNU, sin nada que lo justifique. Desde los bloques de Unión por la Patria y desde Provincias Unidas rápidamente reclamaron a las autoridades de las Cámaras -Victoria Villarruel y Martín Menem- la constitución de inmediato de las comisiones de Tratamiento Legislativo y de Seguimiento de los Organismos de Inteligencia. Son las que deberían abocarse al tratamiento del tema.
El Ejecutivo tiene diez días hábiles para enviar el decreto al Congreso y las comisiones tienen otros diez más para tratarlo. Transcurrido ese tiempo, se haya discutido o no en comisión, sería hacia el 29 de enero, cada Cámara puede autoconvocarse y votar el rechazo por mayoría. Para eso, obviamente, deben conseguir quórum. Las últimas sesiones dejaron una sensación dispar. En Diputados, Unión por la Patria pudo sumar otras bancadas para el rechazo del Capítulo XI. En el Senado, en cambio, no consiguió mantener la unidad del voto en el interbloque Popular para acompañar el rechazo del artículo 30 que estableció el recorte de los fondos destinados a universidades y a educación técnica. En el caso del DNU de Inteligencia creían que el rechazo había sido tan unánime por parte de los especialistas en inteligencia y en derecho constitucional que, imaginaban, los bloques opositores no tendrían argumentos para acompañar al oficialismo.
El ex jefe de la SIDE durante el menemismo, Miguel Angel Toma, y el abogado Daniel Sabsay, insospechados de kirchnerismo, fueron algunos de los que salieron a criticar el decreto. En principio, con los bloques de Unión por la Patria, Unidos y la Izquierda sumaban 119 diputados por el rechazo, a los que ya se habían adherido monobloques como el de la cordobesa Natalia de la Sota y el del puntano Jorge "Gato" Fernández. Faltaban las definiciones de algunos que suelen ser opositores -Marcela Pagano o Karina Banfi, por ejemplo- y las de las fuerzas provinciales, pero el número de 129 bancas parecía al alcance de la mano. El Gobierno arrastraba a la oposición a una discusión que hasta hacía un par de días nadie tenía en la agenda, pero también con el riesto de sufrir una derrota sonora antes del reinicio de las extraordinarias en febrero.
"El problema es que creo que tienen más cosas como esta guardadas para enero. Las van a ir sacando una atrás de otra para no dejarnos acomodar a un debate que ya te suben al otro", imaginaba un legislador peronista. Los Ingenieros del Caos es el otro título de Da Empoli en el que analiza los beneficios que obtiene la ultraderecha de este tipo de constante animación del conflicto y estimulación de los extremos. Todo un desafío para una oposición que consiguió dominar la agenda política sólo durante algunos meses del año pasado, cuando le propinó varias derrotas legislativas al Gobierno, hasta las elecciones de octubre. Desde entonces, tiene el desafío de encontrar la manera de recuperar la iniciativa.
