La renuncia de Jorge Ferraresi a la intendencia de Avellaneda para dejar en su lugar a su esposa y jefa de Gabinete, Magdalena Sierra, activó la primera jugada visible en la carrera por la sucesión bonaerense de 2027. El intendente forma parte del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) de Axel Kicillof, donde también anotan ambiciones provinciales el ministro de Gobierno, Carlos Bianco; el de Infraestructura, Gabriel Katopodis; y el intendente de La Plata, Julio Alak. Pero la disputa no se limita al kicillofismo: también asoman dirigentes del sector alineado con Cristina Kirchner, del Frente Renovador y de un grupo de intendentes. Con Diego Santilli ya lanzado como candidato de la derecha unificada, en el peronismo bonaerense saben que para retener la provincia deben mantener la unidad y elegir la mejor estrategia.
Kicillof repite que no es tiempo de candidaturas, sino de dedicarse este año a la construcción política y a la elaboración de propuestas. Lo dice en clave de la disputa nacional, pero la lógica también se aplica al territorio bonaerense. Por eso todavía no hay precandidatos oficiales, aunque algunos dirigentes empiezan a dar señales concretas de posicionamiento. Días atrás, en Sarandí, se inauguró la primera unidad básica que promovía la fórmula "Axel presidente-Ferraresi gobernador". Y el viernes Ferraresi dio un paso decisivo: anunció que dejaba la intendencia para "asumir desafíos" en la provincia de Buenos Aires. Su plan es ocupar un rol preponderante en el armado nacional de Kicillof y, al mismo tiempo, fortalecer su figura para una eventual candidatura a la gobernación.
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Ferraresi llega a esta etapa respaldado por sus cuatro mandatos al frente de Avellaneda, una gestión con reconocimiento incluso entre adversarios y porcentajes de votos altos en cada elección. Su plan, a partir de ahora, es recorrer el territorio bonaerense para instalarse en la pelea por la gobernación y, al mismo tiempo, sumar kilómetros en el armado nacional de Kicillof. En ese camino también carga con una historia reciente de ruptura con el kirchnerismo duro: tras haber ocupado durante ocho años la vicepresidencia del Instituto Patria, renunció a ese cargo en febrero de 2024 y desde entonces mantuvo una relación muy tirante con Máximo Kirchner y La Cámpora, con cruces públicos con intendentes camporistas como Mayra Mendoza y Julián Álvarez.
Pero la movida de Ferraresi no lo deja solo en la grilla del MDF. En el entorno de Kicillof también aparece Carlos Bianco, el ministro de Gobierno, mano derecha del gobernador y una de las figuras más identificadas con la continuidad del proyecto. Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura y exintendente de San Martín, quin ganó volumen propio tras su triunfo como candidato a senador provincial por la Primera Sección Electoral en septiembre pasado. Y Julio Alak, con su experiencia como funcionario nacional, bonaerense e intendente de La Plata, completa el lote de nombres que empiezan a acomodarse en la carrera por la sucesión. Todos ellos ya caminan la provincia para posicionarse.
Los cuatro participaron del encuentro que el MDF realizó este jueves en La Plata y que Kicillof cerró con una exposición sobre sus ejes programáticos. Allí, el gobernador volvió a plantear que el espacio debe evitar que la disputa interna se coma la agenda y concentrarse en la pelea contra el gobierno de Javier Milei. Pero, al mismo tiempo, dejó una definición política relevante para los aspirantes: descartó un acuerdo para ordenar las candidaturas y ratificó que las diferencias dentro del peronismo bonaerense deberán resolverse en las PASO o, si el Gobierno finalmente las elimina, a través de una interna partidaria. Era una señal que tanto los postulantes a la gobernación como los intendentes del espacio esperaban escuchar, para tener la certeza de que sus aspiraciones no volverán a quedar subordinadas a una negociación de listas. Kicillof, de todos modos, evitó dar precisiones sobre el cronograma electoral.
El posible desdoblamiento electoral en la provincia es una de las decisiones clave rumbo a 2027. En principio, siguen vigentes los argumentos por los que Kicillof separó los comicios el año pasado: la convivencia de dos sistemas de votación distintos, difícil de administrar en una misma jornada en un distrito de las dimensiones de Buenos Aires. Sin embargo, una disposición que se arrastra desde la época de Néstor Kirchner establece que las PASO bonaerenses deben realizarse en la misma fecha que las nacionales -fijadas para el segundo domingo de agosto-, por lo que en La Plata prefieren no tomar ninguna definición hasta que el Congreso resuelva qué hará con las primarias abiertas. En el peronismo bonaerense predomina la idea de que el oficialismo terminará reuniendo los apoyos necesarios entre los gobernadores para suspender las PASO.
Si finalmente las primarinas nacionales no se hacen, en la provincia deberán consensuar una fecha para las PASO bonaerenses y otra para la elección general. El año pasado, ese calendario ya fue uno de los grandes motivos de conflicto entre Cristina Kirchner y Kicillof, por lo que se ve difícil que esta vez haya un acuerdo sencillo. En el entorno del gobernador incluso interpretan que la última ofensiva lanzada desde el acto que encabezó Máximo Kirchner en Parque Lezama apunta, en el fondo, a forzarlo a una negociación que incluya cederle al cristinismo la candidatura bonaerense. Por lo que Kicillof dejó trascender esta semana, esa posibilidad sólo podría darse si ese sector se impone en una interna. Lo que sí quedó claro en los últimos días es que el peronismo no puede darse el lujo de dividirse en Buenos Aires. Ascendido a jefe de Gabinete, Diego Santilli, que ganó por una diferencia mínima las legislativas de octubre, ya se mueve como candidato de una derecha unificada. Frente a ese escenario el peronismo sabe que necesitará hasta el último voto para sostener sus chances de retener el poder.
