Cada 10 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Siesta, una fecha que invita a reflexionar sobre un hábito que forma parte de la rutina diaria de millones en todo el mundo. Para algunos, representa un pequeño lujo cotidiano; para otros, una necesidad fundamental para recuperar energías. Durante mucho tiempo, la siesta estuvo asociada con la pereza, pero investigaciones recientes demuestran que dormir unos minutos tras el almuerzo tiene beneficios concretos para el organismo.
Incluso la inteligencia artificial se sumó al debate para aclarar cuánto debería durar ese descanso. Consultado al respecto, ChatGPT, la herramienta desarrollada por OpenAI, explicó que “la duración ideal de una siesta suele estar entre los 10 y 30 minutos”. Este lapso es suficiente para que el cerebro recupere energía sin entrar en fases profundas del sueño que podrían generar efectos contrarios.
Según el análisis de la IA, una siesta corta ayuda a mejorar la concentración, el estado de alerta y la memoria, especialmente en las horas posteriores al almuerzo, cuando muchas personas sienten una caída natural de energía. Esto la convierte en una estrategia útil para encarar el resto de la jornada con mayor claridad. Sin embargo, no todas las siestas producen el mismo efecto.
ChatGPT advierte que dormir más de 60 minutos puede ocasionar la llamada “inercia del sueño”, una sensación molesta de pesadez o desorientación al despertar que puede durar varios minutos y entorpecer las actividades. Además, prolongar el descanso durante el día puede afectar negativamente el sueño nocturno, un problema especialmente relevante para quienes ya tienen dificultades para dormir.
Por eso, la recomendación es que la siesta sea breve y se tome preferentemente en las primeras horas de la tarde, para no alterar el ciclo natural de descanso. Más allá de los consejos tecnológicos y científicos, la siesta sigue siendo una costumbre arraigada en varias culturas, sobre todo en zonas con climas cálidos o jornadas laborales extensas. Mendoza es un claro ejemplo donde esta práctica está muy presente.
La NASA reveló cuánto debe durar la siesta perfecta
La investigación de la NASA se basó en un análisis de la efectividad de un período de descanso en la cabina para mejorar la alerta y el rendimiento en vuelos de larga distancia. Se dividió a 21 miembros de la tripulación en dos grupos: el grupo de descanso y el grupo sin descanso. Durante un vuelo largo, el grupo de descanso tuvo la oportunidad de tomar una siesta programada de 40 minutos, mientras que el otro grupo siguió con sus actividades normales.
Así se descubrió que los pilotos del grupo de descanso aprovecharon la siesta en el 93% de las oportunidades, logrando quedarse dormidos en aproximadamente 5,6 minutos y durmieron durante unos 25,8 minutos. Esta siesta corta pero efectiva demostró ser beneficiosa para mejorar la alerta y el rendimiento, especialmente en momentos críticos del vuelo.
