El equipo económico saldrá este miércoles a cumplir con el mandato del presidente Javier Milei e intentará sacar captar todos los pesos que emitió el Banco Central para comprar dólares, en la ratificación de la política de reducción del gasto público y recesión del sector privado con el que intenta revertir la aceleración de la inflación por décimo mes.
Milei volvió a pelearse con la realidad y dijo que no se trata de inflación sino de cambios de precios relativos y que la sociedad sigue apoyando, pese a la coincidencias de las encuestas que detectaron más de 55% de imagen negativa del presidente y rechazo a la gestión del Gobierno.
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La Secretaría de Finanzas intentará en esta licitación renovar vencimientos por 7 billones de pesos y captar por lo menos otros 2 billones que emitió el BCRA en el mes para comprar dólares, con una canasta de títulos que privilegia los bonos atados a la inflación para no convalidar una fuerte suba de la tasa de interés en las Lecap.
Esa fue la estrategia seguida en la última licitación, aunque después la consultora 1816 detectó una maniobra entre Economía y un banco comercial que no se identificó que consistió en un canje privado antes de la licitación que implicó una emisión monetaria previa y una absorción posterior, generando un saldo de aspiración menor al estimado originalmente.
Ese tipo de operaciones pudo realizarse para mejorar el perfil de vencimientos (se entregaron en el canje bonos a más largo plazo) o para conformar al presidente Javier Milei que exige un mayor apretón monetario mientras un sector importante del equipo económico cree necesario aflojar para permitir una recuperación de la actividad económica.
El plan de Milei para bajar la inflación
El Presidente dejó este martes dos definiciones que confirman el rumbo del plan económico pese a no cumplir ningún objetivo: dijo que los que piden impulsar la reactivación de la economía le están proponiendo que se suicide por el efecto inflacionario que tendría una recuperación del nivel de ingreso de los trabajadores. Además, reveló que en la última reunión del gabinete nacional dio “la orden expresa de que la motosierra no para”, asumiendo el costo del pedido de ajuste de 2% del gasto corriente y 20% del gasto de capital, que en principio el vocero paraoficial atribuyó al ministro Luis Caputo.
La otra definición planteó una duda: el presidente es cínico o desconoce el proceso inflacionario que registra la economía en los últimos diez meses, que se aceleró con la debilidad política previa a las elecciones y este año por cuestiones comerciales (la expectativa de mayor demanda externa de carne vacuna) y factores internacionales (se disparó el precio de la energía por los ataques Estados Unidos e Israel a Irán).
“Esto no es inflación estrictamente, es que pegó un salto el nivel de precios por cambios de precios relativos,” fue la explicación de la inflación de 3,4% registrada en marzo, por encima de los pronósticos más pesimistas y solo contenida en el final por la decisión de congelar los precios de la petrolera YPF que fue luego seguida parcialmente por sus competidoras.
El primer motivo de inflación lo atribuyó a la caída de la demanda de dinero por la aprobación de leyes que responden a la voluntad popular expresada en las movilizaciones y reflejada en las encuestas que generó inestabilidad política que definió como el intento de un golpe de Estado.
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No fue un cambio de precios relativos, sino el resultado de la pérdida de poder político que disparó la demanda de dolarización y generó expectativas de devaluación, solo contenidas por el apoyo extraordinario del Gobierno de Estados Unidos en una intervención nunca antes vista en el mercado oficial de cambios.
El segundo motivo fue la disparada del precio de la carne y respondió a la decisión de retener vientres de los productores ganaderos frente a la expectativa de incrementar 80 mil toneladas las exportaciones a Estados Unidos aprobada por un decreto del presidente Donald Trump. No se trató de un cambio de precio relativo, que se vería por ejemplo reflejado en una baja de los productos sustitutos como carnes de cerdo y aviar para encontrar un nuevo equilibrio entre el precio de los productos y las decisiones de los consumidores.
El último motivo esgrimido por el Presidente para justificar la inflación récord del último año fue culpar a la guerra que iniciaron Estados Unidos e Israel y que afecta a todo Medio Oriente.
No hay ningún escenario construido por los principales analistas de bancos locales o internacionales, consultoras o fondos de inversión que espere una caída del precio del petróleo este año, por lo que se trata de una suba permanente del costo de la energía que todavía no terminó de trasladarse al resto de la economía.
Lo que quedó afuera del plan
Pero Milei también dejó otra preocupación a los mercados. No manifestó ninguna preocupación por la caída brutal de la recaudación impositiva, de 7,9% en el primer trimestre, e incluso insistió en bajar impuestos a los que volvió a considerar un “robo” aunque esta vez no encontró complicidad en el auditorio de empresarios convocados por el AmCham Summint.
Plantear una nueva baja de impuesto en un contexto recesivo con caída de recaudación pone en jaque la única bandera que todavía mantiene levantada la gestión libertaria, del superávit primario (el financiero es un reflejo de la contabilidad creativa que el mercado cada vez está menos dispuesto a consentir).
En el planteo del presidente Milei, hay un punto que no logró imponer: el BCRA lleva adelante una política tibia de acumulación de reservas que va a permitir destrabar la segunda revisión del acuerdo con el FMI y el desembolso de 1.000 millones de dólares.
El BCRA le pone un piso, aunque extremadamente bajo, al precio del dólar con las compras de reservas mientras Milei prefería ver desplomarse el valor de la divisa al piso de la banda de flotación, lo que consideraría un éxito de su ideología, aunque eso genere una potenciación de la crisis económica y social del país.
