La primera alarma se encendió en el sector comercial, debido a la caída del consumo y el aumento de precios, pero la morosidad ya derrama en toda la cadena productiva y en la mayoría de las actividades económicas. Los casos más relevantes están vinculados con las cadenas de electrodomésticos, por las razones descritas, donde los consumidores son los que comienzan la rueda de impagos. Pero esa irregularidad se traslada luego a los proveedores y de estos a los fabricantes y así hasta los abastecedores de insumos. De acuerdo con un informe de la consultora Analytica sobre la base de los datos del Banco Central, la irregularidad de las empresas pasó del 0,8 por ciento en enero 2025 al 2,7 por ciento en enero 2026; es decir, más que se triplicó en apenas un año (aumentó un 237,5 por ciento).
De acuerdo con los datos que ofrecieron distintas consultoras como EcoGo o Vectorial, a partir del anuncio de quiebra –sin comprador a la vista—del gigante de retail de electrodomésticos Garbarino, el porcentaje de clientes que se atrasan en el pago de productos como televisores inteligentes, heladeras y lavarropas creció del 14,8 al 41,2 por ciento en el último año. Si se analiza las principales cadenas del rubro, la morosidad de clientes en Frávega subió del 13 al 39 por ciento; en Cetrogar alcanza el 48 por ciento, en Megatone se ubica cerca del 43 por ciento y en Coppel, la más afectada, el nivel de atraso en los pagos alcanza aproximadamente el 70 por ciento, impulsado principalmente por el elevado costo del financiamiento. En algunos préstamos a sola firma el costo financiero total supera el 800 por ciento anual.
Es un problema estructural
“Si bien los datos agregados pueden dar la impresión de que el crédito empresarial se mantiene en niveles relativamente sanos, un análisis más granular revela una realidad distinta”, señala un documento de la consultora Analytica. La concentración del financiamiento en unas pocas grandes compañías tiende a suavizar los indicadores generales, pero al observar la composición del crédito por sectores, tamaños y cantidad de empresa, se evidencia que la mayoría enfrenta condiciones más adversas.
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La irregularidad de cartera en enero fue del 2,7 por ciento, aproximadamente 0,2 puntos porcentuales más que en diciembre, donde el mayor aumento se dio en los créditos con problemas o riesgo medio. Sin embargo, el 42 por ciento del crédito se encuentra concentrado en apenas el 0,3 por ciento de las sociedades jurídicas que se encuentran listadas como grandes empresas, mientras que el 99,7 por ciento de las restantes sociedades poseen el 58 por ciento de la deuda.
En el caso de las grandes empresas, la situación de crédito tiene una mora muy baja, de apenas 0,9 por ciento, entre otras cosas porque cuentan con más herramientas para gestionar las necesidades de caja y tienen acceso a mayor y mejor financiamiento. “Las pequeñas y medianas empresas, que suelen tener un costo de fondeo más elevado, tienen mayor sensibilidad al comportamiento de la demanda y son más propensas al uso del crédito como medida de sostenibilidad de corto plazo, allí la mora sube al 4 por ciento”, señala el informe.
Cuando el análisis pasa de evaluar el monto a considerar la cantidad de empresas en mora, se ve que en enero el 12,9% de las sociedades jurídicas tenían al menos una deuda en situación irregular, mientras que un 3,4 por ciento tenía al menos una obligación en mora temprana. “Esto contrasta con lo registrado en los saldos, donde el 96,1 por ciento de la deuda estuvo en situación normal, y se explica por la concentración de crédito en grandes empresas que suelen tener sus obligaciones al día, ocultando en el volumen lo que sucede con empresas más pequeñas”, señala el informe de la consultora.
La heterogeneidad por sector
El fenómeno que se replica en los indicadores de actividad de una economía que funciona a dos velocidades. Entre los líderes, se encuentran sectores como explotación de minas e hidrocarburos e intermediación financiera, que son los que sostienen en mayor medida los niveles de actividad, y a la vez se conforman por unas pocas empresas, muchas de gran envergadura, que llevan a deudas promedio más altas y menores tasas de morosidad, por debajo del 1 por ciento en ambos casos.
Por el otro lado, sectores como la industria manufacturera, que en enero registró una caída del 3,2 por ciento interanual, reflejan una tasa de morosidad del 3,6 por ciento. En su interior, también se evidencia una marcada disparidad: en áreas dominadas por grandes empresas o multinacionales, que no son muchas, como el refinamiento de petróleo, la irregularidad de cartera alcanza el 1,4 por ciento, mientras que en los fabricantes de automotores se reduce a apenas 0,03 por ciento.
En contraste, algunas industrias más atomizadas muestran tasas más altas de morosidad: 7,7 por ciento confección de prendas de vestir, 7 por ciento productos textiles y 7,9 por ciento fabricantes de muebles y colchones, siendo algunos de los casos más afectados por la baja demanda y la baja en los aranceles a las importaciones.
Se destacan la industria molinera y el curtido de cuero y marroquinería, con ratios de irregularidad del 43,3 y 40,7 por ciento, respectivamente. Aun así, otros segmentos con un gran número de empresas, como los fabricantes de productos de metal o las elaboradoras de alimentos, presentan tasas de irregularidad relativamente bajas, del 1,9 y 1,1 por ciento respectivamente. Uno de los casos sectoriales más extremos es el de la construcción, que presenta una irregularidad de cartera del 6,1 por ciento, que coincide con una actividad que se mantiene en niveles mínimos históricos, situándose un 22,8 por ciento por debajo del promedio 2023, dado por los altos costos y una obra pública que ajustó en ese período un 87,3 por ciento tomando como medida al gasto devengado de la Administración Nacional.
