La nación turca se encuentra sumida en un estado de conmoción tras registrarse el segundo tiroteo masivo en una institución educativa en menos de 48 horas. Este miércoles, la tragedia golpeó con especial dureza a la región de Kahramanmaras, en el sur del país, donde un ataque armado dentro de una escuela primaria dejó un saldo de al menos cuatro personas fallecidas.
Según los informes oficiales proporcionados por el gobernador provincial, Mükerrem Ünlüer, las víctimas mortales fueron un profesor y tres alumnos. El atacante, identificado como un estudiante de la propia institución, irrompió en el establecimiento durante la mañana portando varias armas de fuego ocultas en su mochila. Una vez dentro, el joven abrió fuego de manera indiscriminada en al menos dos aulas, sembrando el pánico entre la comunidad educativa. Además de las víctimas fatales, las autoridades confirmaron que al menos 20 personas resultaron heridas en este sangriento episodio.
El fantasma del “efecto contagio”
Este nuevo hecho de violencia encendió las alarmas sobre un posible "efecto contagio", dado que ocurre apenas un día después de que otra provincia vecina fuera escenario de un ataque similar. La proximidad geográfica y temporal entre ambos incidentes sugiere un patrón que puso en jaque la seguridad en los centros de enseñanza del país.
La provincia suroriental de Sanliurfa vivió ayer su propia jornada de terror. En la localidad de Siverek, un joven de 18 años, antiguo alumno de una escuela secundaria vocacional, inició un tiroteo que dejó un saldo de 16 personas heridas. El agresor, armado con una escopeta, comenzó disparando al azar en el patio del colegio para luego continuar el ataque dentro del edificio.
Entre los heridos de aquel primer incidente se reportaron diez estudiantes, cuatro maestros, un empleado de la cantina y un agente de policía. En esa ocasión, tras ser acorralado por unidades de operaciones especiales de la policía en el interior del edificio, el atacante se suicidó disparándose a sí mismo.
Históricamente, los tiroteos escolares han sido considerados fenómenos poco frecuentes en Turquía. Si bien existen registros de ataques aislados con armas blancas —como el ocurrido en marzo pasado en Estambul, donde un exalumno apuñaló mortalmente a una profesora de biología—, la escala y la naturaleza de estos dos tiroteos masivos consecutivos representan un desafío sin precedentes para las fuerzas de seguridad turcas.
