Tras su regreso a la Tierra, los integrantes de la tripulación de Artemis II deben readaptar su cuerpo a la gravedad, un proceso que no es nada sencillo. Los astronautas suelen experimentar síntomas como mareos, náuseas y desorientación, y en muchos casos no pueden caminar por sus propios medios durante los primeros días.
En misiones breves como esta que planeó la NASA durante 10 días, la pérdida de masa muscular se estima entre el 1 y 2%, afectando especialmente las piernas y la espalda. Por eso, la rehabilitación se extiende por 45 días e incluye rutinas intensivas de fisioterapia y ejercicios diseñados para recuperar la fuerza y movilidad.
Además, los especialistas monitorean la redistribución de líquidos en el cuerpo y posibles alteraciones visuales, mientras que ponen especial atención en el sistema inmune, que suele debilitarse considerablemente durante la permanencia en el espacio.
La microgravedad y las fuerzas extremas que enfrentan al reingresar a la atmósfera, que pueden alcanzar hasta 3,9 veces la gravedad terrestre, exigen una intervención médica inmediata y sostenida para evitar complicaciones.
Los médicos también controlan la densidad ósea, que disminuye en el espacio, y la capacidad cardiovascular, ya que el corazón funciona de manera diferente en ausencia de gravedad. Todo esto hace que la recuperación sea un proceso complejo y multidisciplinario.
Otras repercusiones que sufrieron los astronautas de la misión Artemis de la NASA
Uno de los impactos más visibles tras volver a la Tierra es la pérdida del equilibrio. El sistema vestibular, que está en el oído interno y es clave para mantener el balance, se desactiva parcialmente en el espacio por la falta de señales gravitatorias. Por eso, los astronautas suelen ser transportados en camillas al aterrizar, no porque estén lesionados, sino para proteger su musculatura debilitada y evitar caídas mientras su cerebro reajusta la sensación de verticalidad.
La pérdida de masa muscular se explica porque en microgravedad los músculos, especialmente de las piernas, espalda y cuello, no trabajan igual que en la Tierra. Como los astronautas flotan y hacen menos esfuerzo para moverse, su cuerpo “ahorra energía” y reduce el tejido muscular que considera innecesario, un fenómeno conocido como atrofia muscular.
Este debilitamiento afecta la capacidad para mantenerse erguidos o caminar, por lo que la rehabilitación busca recuperar esa fuerza y funcionalidad. En definitiva, la readaptación a la gravedad terrestre es un desafío que requiere tiempo, cuidados médicos y ejercicios específicos para que los astronautas puedan volver a su rutina diaria con normalidad.
