La comunidad científica internacional trabaja con una hipótesis que nadie discute: va a haber una nueva pandemia. Nadie sabe cuándo, ni qué virus la provocará, pero la certeza es tal que ya se diseñan estrategias para achicar los tiempos de respuesta. El objetivo más ambicioso es tener una vacuna lista en 100 días desde que se identifica un nuevo patógeno. Y en ese tablero, Argentina empieza a ocupar una casilla central.
Jarbas Barbosa, director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), estuvo esta semana en Buenos Aires para evaluar los avances locales en la producción de tecnologías sanitarias. Su visita incluyó reuniones con funcionarios del Ministerio de Salud y un recorrido por la planta que el laboratorio Sinergium Biotech tiene en Garín, provincia de Buenos Aires, donde ya está terminada una unidad de mil metros cuadrados dedicada a fabricar vacunas con tecnología de ARN mensajero.
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“Hace dos años vine y esto estaba en construcción. Ahora la planta está lista. A mitad de año estará operativa y será un componente esencial de la seguridad sanitaria de las Américas”, dijo Barbosa durante la recorrida. La nueva instalación permitirá producir inmunizaciones sin depender de importaciones, un cambio de escala respecto a lo que ocurrió durante la pandemia de Covid-19, cuando la región sufrió desabastecimiento incluso de insumos básicos como barbijos y oxígeno.
Por qué importa la velocidad
La meta de los 100 días no es casual. Durante la última pandemia, el desarrollo de vacunas llevó cerca de un año, un tiempo récord para la ciencia pero insuficiente para contener la propagación inicial. Con la tecnología de ARN mensajero, la misma que usaron Pfizer y Moderna, es posible adaptar rápidamente la producción a distintos virus. Esa flexibilidad es clave si el próximo agente infeccioso es, por ejemplo, una cepa de influenza con potencial pandémico.
Sinergium no trabaja sola. Forma parte del mRNA Technology Transfer Hub, un programa de la OMS y la organización Medicines Patent Pool que seleccionó a 16 empresas de países de ingresos bajos y medios para recibir y desarrollar tecnología de ARN. En paralelo, la firma australiana CSL Seqirus transferirá a Sinergium su tecnología de cultivo celular para producir vacunas antigripales, un método que evita la dependencia de huevos embrionados de pollo, imposibles de escalar masivamente en una emergencia.
“Tanto el ARN mensajero como el cultivo celular son tecnologías flexibles que permiten aumentar rápidamente la producción”, explicó Barbosa. “Pero en ambos casos deberán atravesar procesos regulatorios, que en una emergencia podrían ser más breves. El desafío es tener la vacuna aprobada y lista en 100 días”.
Lo que ya se está haciendo
Sinergium viene trabajando desde 2021 en una vacuna pandémica contra la cepa H5N1 de influenza, por pedido de la OMS. Este año espera iniciar pruebas preclínicas en animales. La misma tecnología podría adaptarse a otros virus si fuera necesario.
Paralelamente, el acuerdo con CSL Seqirus apunta a que en dos años la planta de Garín pueda abastecer de vacuna antigripal al mercado argentino y exportar la mitad de las dosis que necesita América Latina, con un ingreso estimado de entre seis y ocho millones de dólares.
“No es posible producir estas vacunas en Argentina hoy”, aclaró Gonzalo Pereira, gerente general para América Latina de CSL Seqirus. “Es un proceso complejo que requiere disponibilidad de viales, jeringas, agujas, capacidad productiva y recursos humanos especializados. Pero se trabaja en iniciativas para establecer transferencias tecnológicas y avanzar hacia una capacidad local o regional”.
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Un cambio estructural
La visita de Barbosa dejó una foto concreta: Argentina ya tiene la infraestructura, la tecnología y el respaldo internacional para producir vacunas en tiempo récord cuando llegue la próxima emergencia sanitaria. La planta de Garín está lista. El cronómetro no corre todavía, pero cuando empiece, el país tendrá que demostrar que puede estar a la altura del desafío.
“Este es un paso histórico”, insistió Barbosa. “No tener que importar vacunas en medio de una pandemia cambia todo”.
